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ESPIRITUALIDAD

 

Lo que la Fraternidad te propone: vida contemplativa, unión con Dios 24 horas al día

La contemplación puede ser considerada desde múltiples perspectivas. Nosotros queremos asumir la dimensión contemplativa de la espiritualidad cristiana de un discípulo de Jesucristo que vive en el mundo y que aspira por vocación a la plenitud de la santidad, a la perfecta unión con Dios en toda su vida.

 

El Señor nos pide que oremos sin cesar (Lc 18, 1). Cabe preguntarnos, buscando caminos concretos de realización de este mandato evangélico, ¿cómo es posible en nuestro mundo de hoy, en nuestra cultura dominada claramente por la actividad?

 

La Fraternidad Contemplativa María de Nazaret, queriendo vivir la contemplación como vértice de la oración y de la acción, quiere asumir este desafío para la vida espiritual del hombre contemporáneo y ofrecer un camino de unión con Dios a través de la contemplación en acción, a los efectos de llegar a ser contemplativos en acción (Cfr. RMi 90).

 

La contemplación en acción es la que me lleva a la unión con Dios no sólo en la acción, sino por medio de la acción misma. Es la que transforma el actuar humano en sacramento de unión con Dios, es la prolongación humana del obrar divino en el mundo.

 

Podemos pues afirmar que LA CONTEMPLACIÓN NAZARENA ES LA CONCIENCIA AMOROSA DE VIVIR UNIDO CON DIOS, EN CRISTO, POR LA POTENCIA DEL ESPÍRITU, BAJO LA MOCIÓN SOBRENATURAL DE LA CARIDAD PASTORAL, QUE ES EL ALMA DE LA ORACIÓN Y DE LA ACCIÓN APOSTÓLICA

 

¿POR QUÉ FRATERNIDAD CONTEMPLATIVA MARÍA DE NAZARET?

 

FRATERNIDAD: la contemplación necesariamente debe incidir en la vida y manifestarse en un amor de caridad que tiene que traducirse en relaciones personales y comunitarias intensamente fraternas. El amor fraterno es la piedra de toque de la autenticidad de la contemplación: la fraternidad humana radicalmente vivida en la comunidad de la Fraternidad y la comunidad eclesial será sacramento de unión con Dios y testimonio escatológico de que somos hijos de Dios.

 

CONTEMPLATIVA: entendemos por «contemplación» lo que entiende la Congregación de Religiosos e Institutos Seculares. En su documento sobre la dimensión contemplativa de toda vida religiosa activa del 12 de agosto de 1980, la CRIS presenta la naturaleza de la contemplación, y dice que:

 

«Es radicalmente una realidad de gracia, vivida por el creyente como un don de Dios, que le hace capaz de conocer al Padre (Cfr. Jn 14, 8) en el misterio de la comunión trinitaria (Cfr. IJn 1. 1-3), y poder gustar las profundidades de Dios» (1 Cor 2, 10).

 

«Es la respuesta de fe, esperanza y amor con la cual el creyente se abre a la revelación, a la comunión con el Dios vivo por Cristo en el Espíritu Santo».

 

El Documento hace propia una definición de contemplación de Pablo VI (discurso de conclusión del Concilio Vaticano II, del 7 de diciembre de 1965), donde el Papa reconoce en la contemplación una dimensión unificante y jerarquizadora muy importante de tenerse presente en la cultura contemporánea:

 

«El esfuerzo por fijar en Él (Dios) la mirada y el corazón que nosotros llamamos contemplación, se convierte en el acto más alto y más pleno del espíritu, el acto que todavía hoy puede y debe coronar la inmensa pirámide de la actividad humana».

 

Por eso la contemplación es el «acto unificante de la proyección del hombre hacia Dios» (1,1)

 

MARÍA DE NAZARET: constituye el modelo supremo de la Fraternidad. Ella es la encarnación en persona humana de la contemplación que la Fraternidad quiere vivir.